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16/10/07
Bondage.
NEO-CORTEX BDSM
BraXteR CAiN, 2005
neocortex-bdsm@hotmail.com
http://thecainshouse.blogspot.com
http://thecainshouse.blogspot.com/2007/03/bondage-el-deli...
El bondage es una de las practicas BDSM más extendidas en todo el mundo y una de, a las que con más fuerza, podemos encontrarle una raíz cultural. En sus inicios tuvo, en muchas culturas, una estrecha vinculación al erotismo, al placer de la piel y el roce y a la fantasía. En este camino se aproxima al arte, más allá del "ars erótica", llegándolo a cubrir mientras éste mismo le cubre a él. El
bondage goza de espontaneidad y de técnica, del aspecto físico y del mental. En Japón, uno de los países donde más se ha desarrollado esta práctica, el Nawa Shibari fue un importante instrumento durante la guerra. En el tiempo de las cruzadas y de la inquisición, el cristianismo supo también encontrar su hueco para él como instrumento de tortura. Desde su nacimiento, el bondage ha estado presente en diferentes lugares y culturas llegando hasta nuestros días como algo
genuino.
Al igual que tantas otras prácticas, el bondage puede ser concebido como algo externo al BDSM, es decir, lejano a concepciones de dominación y sumisión, de sadismo y masoquismo. Por otro lado, "SM" es un termino utilizado como paraguas para englobar un sinfín de actividades y actos considerados mayoritariamente como parafilias o perversiones, debido a su enajenación natural de lo socialmente aceptado. Una vez descuartizado el BDSM, podemos adentrarnos en él y dar forma a cada uno de sus elementos matizándolos, desenredándolos nudo a nudo.
El termino bondage significa esclavitud. No es de extrañar que se utilice para hacer referencia a esta práctica, ya que, simplificando, consiste en reducir a una persona privándola de movilidad completa o parcialmente. Cualquier material u objeto que lo permita es válido.
Las técnicas occidentales, por ejemplo, se dan satisfechas con ello.
Si nos adentramos en las orientales, encontraremos que no es suficiente, un bondage completo será un conjunto de tramas capaces de realzar o restringir las distintas partes del cuerpo a parte del hecho de que pueda o no inmovilizar a la víctima.
Podemos establecer en cada sesión una base receptora de muchas otras
prácticas alejándonos o volcándonos completamente en lo genital. Su máximo atractivo es, en todo caso, el juego de la erotización de la total entrega, de la confianza y del conocimiento. La impotencia, el miedo y el horror no pierden grado alguno de excitación, se apoyan siempre en los anteriores. En esta cara, más abstracta y mentalista, hay tres elementos a tratar que forman parte del juego: la fomentación del deseo, la adoración, y la cosificación o utilización de la persona.
Fomentar en alguien el deseo hacía tu persona es sumamente grato. Nos sitúa en la escalonada pirámide de Maslow, en el peldaño de la autorrealización y la seguridad. Nos sentimos deseados y ello nos complace e incluso tranquiliza. Hemos conseguido con nuestros medios, de forma voluntaria y consciente, fomentarlo.
Una vez conseguimos privar a alguien de su autosuficiencia, sacando a flor de piel su vulnerabilidad, sensibilizando no solo su cuerpo sino también su mente y su alma, solo nos queda ver como nos necesita y desea, qué fórmulas utiliza para expresarlo, y disfrutar de todo ello.
El dominante disfruta del control de la situación y del poder de moldearla. Se siente un conductor de sensaciones y, de alguna forma, un creador. El bondage es la forma más gráfica de demostrar esa posición otorgada y el devenir al que acceden algunos. Moviéndonos junto al desenfreno, por otro lado, el auto control es placentero y corrosivo. Sin él jamás dominaremos ninguna situación.
Compaginar unos nudos con la incapacidad de ver, haciendo que la víctima quede enajenada de su entorno, inconsciente a él, puede fundir su interior a su exterior y a ambos a las cuerdas provocando así una sensación extraña. Que necesite de nuestro tacto, de una palabra, de cualquier gesto nuestro hacia ella y que la lleve incluso a la suplica querer obtenerlo. Se trata de potenciar nuestras
acciones interfiriendo directamente en el estado natural de la víctima y hacérselas anhelar eliminando cualquier razón que pudiera reprimir su deseo.
Dos sensaciones evidentes de quienes son atados están vinculadas al
abandono. Se sienten o no solos. La adoración nos pondría en la situación inversa de la fomentación del deseo. Dejamos sentir a la persona que tenemos presa como estamos pendientes de ella, nos hacemos cargo y la cuidamos. Que somos nosotros los que nos vemos volcados a ella plenamente. Le desprendemos la excitación que nos provoca. Algo así como recorrer su cuerpo o simplemente mostrarle nuestras ganas locas de hacerlo. Por ejemplo, pasar una cuerda entre las piernas a modo de cinturón de castidad e impedir la posibilidad de penetración puede ser enloquecedor. En la adoración, la persona
atada simboliza el motor de la relación y del momento y así lo percibe. Las cuerdas dan a su cuerpo una nueva forma. Nos volcamos por completo sobre el placer de adorarla, de hacer de ella un bien preciado y deseado. La vertiente japonesa, que tiene gran parte de decoración, es muy indicada para ello. Vestimos a la persona y no solo la hacemos sentir especial sino que también la miramos de tal modo.
La cosificación o utilización del sumiso podemos situarla dentro de la humillación pero le encontramos aún un lado más salvaje. La única "utilidad" del sumiso es la de satisfacernos y ser un objeto más de nuestros caprichos y placer. Disponemos de él cuando nos place, y cuando no, permanece a la espera. Podemos crear un vínculo a nuestras necesidades en el que él se implique de forma absoluta. Con él suplimos algo que se muestra vital y se limita a esperar el momento de auto complacerse complaciéndonos. Puede llegar a momentos de autentica angustia en el sentido de que nuestro alejamiento es
igual a una innecesidad hacia su persona. Si nos mostramos distantes sufrirá.
En la distancia tenemos también espacio para el castigo y la tortura. Podemos enfocar esta situación tanto a la tortura mental (maltrato psíquico, desprecio, objetivación, etc.) como física. Es un buen momento para una nueva concepción del dolor. En el aspecto físico, es la ocasión perfecta para una forma conceptual distinta en cuanto a su aplicación, el dolor acumulativo. Sin ejercer constantemente una acción que busque esa sensación intensa, unos cuantos nudos pueden provocar que a medida que vaya pasando el tiempo aparezca y se intensifique. Esta técnica no se basa en cortar la circulación sanguínea, algo que hay que evitar a toda costa dado que ya sabemos los problemas que puede acarrear. Existen algunos puntos corporales claves a tener en cuenta. Por ejemplo, justo encima de los codos el atado nota enseguida como sus brazos se obturan y su color, tacto y sensibilidad se alteran; algo más arriba, en cambio, es un punto interesante para utilizar juntando los brazos por la espalda.
Con suma frecuencia la gente se aleja de la realidad. El bondage puede resultar peligroso, una de las practicas más peligrosas del SM. Para jugar de forma segura, el activo debe poseer unos mínimos conocimientos y, aun así, no estará libre de pena si se dedica a estrecharlos. Cualquier error de tiempo, un nudo mal puesto o la obstrucción de un riego sanguíneo puede llegar a acarrear problemas de salud serios. Problemas que ni el spank ni las agujas, en niveles
que creemos inofensivos, ocasionarían. Es decir, hablar de "safe bondage", significa hacerlo del conocimiento que posee quien ejerce de activo, conocimiento del que muchas veces no podemos estar completamente seguros.
<< El Dolor formara parte de ti y buscaras el Placer en él. Mi Placer
será tu Placer. Dominad@ liberaras tu mente de ataduras absurdas. Las
ataduras a partir de ahora serán cuerdas ceñidas a tu piel.>>
El siguiente texto fue escrito por Gotango
Ningún proceso de purificación se completa sin una ritualización en su desarrollo. El Mesías, EL MAESTRO, y la posesión, SU ESCLAVA, culminan con su relación la utopía de ese comportamiento de ruptura que todo ser humano alberga. Amo y esclava ansían la experiencia de la alteridad pura, la realización, efímera pero real, de un mundo al revés. La posesión y su Poseedor son en esencia lo mismo, comparten un mismo pensamiento, unos mismos ideales, y lo han de hacer a escondidas, pues la sociedad los rechaza. Son poetas, anarquistas, "locos de dios", espíritus diferentes, de aquí que el correcto arte de la soga sea una experiencia mística. Pero como en todas las religiones el ritual es tan importante como la esencia espiritual misma, mediante el ritual, consumación de la teatralidad, los oficiantes dan sentido a sus actos.
Que un Maestro ate a su esclava, que una Mistress ate a su siervo, son actos irrelevantes si meramente se limitan a inmovilizarles con unos nudos torpemente ejecutados, empujados por la prisa de la urgencia sexual, si no van acompañados de una "puesta en escena", de una sabia teatralidad que permita degustar cada momento del rito de las ataduras. Por ello el juego con las cuerdas, la sabiduría para dar cada giro sobre el cuerpo, el modo de atenazar los pechos o los testículos, oprimiendo lo suficiente para ocasionar gustoso sufrimiento sin ocasionar daños corporales son una sabiduría.
Ataduras de calidad
Las mejores sogas son las de cáñamo, fibra natural, huyamos del nylon. Las sogas nuevas deben cocerse unos minutos en agua hirviendo y luego sumergirse en aceite de romero, dejándolas finalmente secar. Así quedan suaves, fáciles de manejar, los nudos fáciles de hacer y deshacer.
Nunca practicaremos la esclavitud sin tomar unas previas medidas de seguridad, ya que en caso contrario los accidentes pueden resultarnos caros. Como norma general nunca jugaremos cansados, bajo el efecto del alcohol o las drogas. Y una premisa que respetaremos siempre: ninguna soga debe comprimir la parte frontal del cuello. Las cuerdas deben apoyarse en la nuca y descender hacia los sobacos y brazos, pero nunca estrangular. Si bien es cierto que el estrangulamiento es muy placentero y son muchas las mujeres que alcanzan fuertes orgasmos al sentirse asfixiadas, la realización de este juego con cuerdas es extremadamente peligroso y nada recomendable.
Entre el Maestro y su esclava debe quedar previamente establecida una contraseña mediante la cual la esclava comunique a su Amo cualquier incidencia que deba significar el cese del juego, esta contraseña puede ser una palabra o un gesto con los dedos de las manos si la esclava está amordazada. Las ataduras cortan la circulación en las muñecas y tobillos. Si la esclava atada experimenta un hormigueo en las piernas o brazos, ¿a quién no se le ha dormido alguna vez un miembro?, puede pedirnos que se aflojen algo las ataduras. Esta sensación de tumefacción, para unos placentera y desagradable para otros, no tiene mayores consecuencias y nunca reviste carácter serio. Como norma es conveniente dejar a la esclava un alto grado de flexibilidad, pues en caso contrario los músculos se tensan, se dificulta la circulación sanguínea y pueden aparecer dolores de cabeza.
¿Cuánto debe durar una sesión de atadura?
El tiempo perfecto está entre los 30 minutos y 1 hora, más cerca de la primera cifra salvo para los muy expertos. Una recomendación muy válida es que cuando probemos nuevas técnicas o posiciones inicialmente no alarguemos el cautiverio. Un modo positivo de prolongar el placer que sienten Maestro y esclava es cambiar cada veinte o treinta minutos la postura y el tipo de ataduras, por ejemplo, sujeción en cruz sobre una cama facilitando el acceso a los genitales, posición fetal con el ano expuesto, atadura de manos a la espalda y piernas flexionadas, suspensión, etc. Con estos cambios podemos prolongar durante horas nuestros juegos de esclavitud sin peligro, cansancio ni caer en la rutina, el mayor enemigo de todo relación sexual.
Un detalle que habitualmente se olvida y sin embargo debiera respetarse siempre es tener la precaución de contar en la estancia donde se efectúan los juegos de soga con un instrumento, tijera o cuter, que permita cortar rápidamente las ligaduras en caso necesario. Lo mejor indudablemente son las tijeras médicas usadas para cortar los vendajes, una de cuyas hojas es llana para evitar daños en la piel. Naturalmente el tipo de soga y la tijera estarán siempre en concordancia, no se corta igual una gruesa soga engrasada que un cordón de seda.
Consejos útiles
En aquellos casos en que se nos plantea una improvisada relación con una esclava recién conocida y no tenemos nuestro equipo de juegos, podemos recurrir a determinadas prendas de ropa como sustitutas de las cuerdas. Las corbatas de los hombres, las medias femeninas, los pañuelos de seda, los calcetines, etc., son ligaduras excelentes llegado el caso. Con la seda una única precaución, sus nudos son bastante difíciles de desatar una vez quedaron apretados, por lo que es conveniente dejar puntas largas al usarla. Si estamos en un hotel nos sirven por igual las toallas o las sábanas. Yo he desarrollado juegos extremadamente placenteros con una sábana cortada en tiras, esas bandas de tela constituyen una atadura de primer orden, son sólidas, cálidas y suaves y empapan bien el sudor. He aquí un truco para colgar firmemente a nuestra esclava en la habitación de un hotel, donde naturalmente no tenemos ganchos anclados en el techo. Se le atan firmemente las muñecas por encima de la cabeza con una banda ancha de tela obtenida de una sábana, haciendo al otro lado de la cuerda así creada un grueso nudo. Se pasa la cuerda por encima de la puerta del cuarto de baño y se cierra a continuación ésta puerta. El nudo impide que la cuerda resbale y la esclava queda suspendida por la cuerda ofreciéndonos su cuerpo para los ritos de sumisión.
En muchas fotos vemos las cuerdas hendiendo el sexo de la mujer, separando los labios mayores. En verdad esto sólo sirve para esos segundos que se tarda en hacer la foto. Una cuerda que se apoye directamente sobre los genitales femeninos irremediablemente ocasionara rozaduras, lesiones y en vez de provocarle placer la dejará imposibilitada para practicar el sexo durante varios días. Si pasamos estas cuerdas por su entrepierna dejándole a nuestra esclava puestas las braguitas o colocamos un paño de seda sobre sus genitales, sin duda con la presión de la soga obtenga un intenso orgasmo sin ninguna molestia de escoceduras posteriores.
Utilizar cinta de embalaje lo vemos con frecuencia en esas escenas de ataduras que se hacen principalmente para fotografiar y vender a los aficionados al genero. La experiencia real con cinta de embalaje es casi siempre negativa. Cuando finalizados los juegos hemos de retirarla del cuerpo de nuestra esclava podemos ocasionarle graves escoceduras. No debemos usar cinta de embalaje directamente sobre la piel, si pude utilizarse para inmovilizar sobre las medias, braguitas, camisas y prendas de ropa en general. Tampoco es conveniente como mordaza, pues en su fabricación se utilizan productos químicos tóxicos. Un mero esparadrapo ancho adquirido en cualquier farmacia constituye la mejor mordaza.
Cuando empleamos materiales de tipo plástico, como la cinta de embalaje, bolsas de plástico, etc., tendremos un cuidado muy especial en que la habitación de juegos se mantenga fresca y bien ventilada. El plástico impide la transpiración de nuestra esclava, su temperatura corporal sube rápidamente y podemos ocasionarle un colapso. También hemos de tener cuidado con los cordones de la luz, son fáciles de utilizar, pero por su poca sección pueden hincarse en la carne y ocasionar cortaduras.
En general las fibras naturales crean un ambiente psicológico más placentero y las artificiales un mayor grado de excitación nerviosa, pero depende mucho de cada persona. Aquí, como en todo lo concerniente a nuestro arte de la soga, la mutua aceptación y gusto de ambos oficiantes es fundamental para obtener la perfecta comunión de cuerpos y almas.
Las sogas deben cortarse a la longitud precisa para cada tipo de atadura y juego en que vayan a ser empleadas. Las sogas para inmovilizar muñecas y tobillos han de ser más cortas que las de los muslos o los brazos, particularmente éstas últimas deben recorrer los senos de la esclava, una vez por encima y otra por debajo, haciendo que resalten turgentes.
Cuando nos preparemos un juego de sogas para su larga utilización es conveniente recoger los extremos con una tela de seda o cuero cosidos para evitar que se destrencen. Nunca olvidemos que uno de los efectos más hermosos es el contraste entre los colores de las cuerdas, su trenzado y la forma que adopta sobre el cuerpo de nuestra esclava.
Con la esclava bien inmovilizada ella quedará desvalida y accesible a nuestras pasiones, podemos acariciar y lamer cada rincón de su cuerpo, zurrarle el trasero, mutuamente deleitarnos con cera caliente sobre los pechos, y ella disfrutará sin poder defenderse de nuestros instintos.
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